Bam Bam Miranda: aire, ritmo y poder

Estamos ante una persona que ha puesto su vida al servicio de la música.

En clave de retumbo las ideas van ordenadas. Hay un método, un esfuerzo, un compromiso con el asunto. Miguel Antonio Miranda: peruano de nacimiento, deja su país para venirse a Argentina. El músico Alejandro Lerner es quién inicialmente lo invita a sumarse a su Banda, y con él es que llega a Buenos Aires en 1985. Antes de eso, en ese mismo año había ganado un premio Grammy. 

Bam Bam era carismático, optimista, decidido. Su padre y su madre eran músicos y desde pequeño, en su Lima natal en Perú, comenzó a incursionar en los instrumentos de percusión. Había nacido un 11 de junio de 1956. 

Fue percusionista, compositor y luthier, maestro y multiplicador de la cultura afro-americana y de un modo de ver y vivir sin prejuicios. Dice Germán Arracaeta en su libro “El Patrón del ritmo”: “Bam Bam era política y emocionalmente incorrecto. Era un tipo fascinante, querendón, pero no condescendiente ni humilde”.

¿Qué es un tambor para mí?, repite Bam Bam a la pregunta hecha, como para darse unos segundos y responde: “Bueno, primero es mi pareja. El tambor es mi primera esposa, estoy casado con el tambor; soy tambor dependiente, tengo que tocar todo el tiempo porque si no tengo síndrome de abstinencia. Ahora el tambor como ente, como un ser en sí, para comenzar es un ser herido. Es un ser mutilado y por memoria genética es absolutamente desconfiado. Por la sencilla razón que fue muerto y mutilado por un semejante, que ahora lo va a tocar: un árbol para hacer los cascos y un animal para hacer los parches, por consiguiente el tambor cuando nace, nace como un ser nuevo con parte de dos seres desconfiados. Nace absolutamente desconfiado por memoria genética. Entonces necesita una serie de manifestaciones afectivo pasionales, como cualquier pareja, para recuperar la confianza en el semejante; que en este caso lo mató y mutiló. Cuando el tambor siente ese plano afectivo cubierto, recupera la confianza y recién ahí empieza a sonar.”

En cuanto a la trayectoria, dejemoslo a él: “Después estuve con Fito Páez, con Charly, Baglietto. Con Spinetta, Mercedes Sosa, con Teresa Parodi. Horacio Salgán, el Polaco Goyeneche, qué sé yo…con César Banana Pueyrredón. Hice dos grupos:  “Monos con navajas”, que era un grupo de jazz étnico; y “La Banda Latina”, un grupo de jazz latino que creo son los dos trabajos más lindos que hice en Buenos Aires…Después me cansé de los porteños, que son unos italianos-latinoamericanos que se sienten ingleses, y me vine para Córdoba, al poco tiempo me contrató la Mona Jiménez”. Agreguemos sólo algunos más a la lista: Chabuca Granda, Divididos, Callejeros, Rodrigo, Viejas Locas, Bersuit Vergarabat, Liliana Vitale. Y con La Mona Gimenez estuvo 20 años, grabaron 30 discos en ese período. Bam Bam fue decididamente un impulsor de novedades, fusiones y un nuevo sonido consistente para el Cuarteto. Cuentan que hacia 1994, año en que sale el disco “Raza Negra” de La Mona, todos los otros grupos de cuarteto querían sonar con esa potencia, con el viboreo y la firmeza de esas percusiones. En este trabajo, se incorporan sonidos de la música africana a nuestro folklore cordobés. Y la música, el Cuarteto, sale airoso, potente y rejuvenecido.

Hablando sobre la posibilidad de innovación e incorporación de cosas nuevas, en su trabajo con La Mona, todo lo que me dijo fue que lo que le llevaba de nuevo, Gimenez lo probaba bailando, si lo podía bailar pasaba, sino no. Remata Bam Bam: “Y mirá que La Mona, es muy, pero muy buen bailarín”. 


Tapa del libro “El patrón del ritmo”. de Germán Arrascaeta, Editorial Vademecum, 2021

Entrevista en revista Pluma y Hueso, año 2, numero 3. Abril de 1999, Córdoba

Miguel Antonio Miranda (Lima, 11 de junio de 1956 – Córdoba, 2011)

Todo era dicho en ronco, la voz fuertemente grave y gutural del Bam Bam: “Me dedico a la luthería desde la primera vez que entré a una casa de instrumentos en Buenos Aires. Este es un país de blancos, entré a comprar un instrumento de percusión y me mostraron un par de tumbadoras y una batería, no tenían nada más. Si uno quiere hacerse un kiosco de percusión con accesorios, una serie de instrumentos de origen africano, tiene que fabricarlos. Eso ya ha pasado a ser una actividad importante en mi vida, aparte de la de ser músico. A cada instrumento que hago le pongo todo el corazón, para que se resienta lo menos posible. Los hago como para que los toque yo. Si un instrumento de los que hago, por equis razón no me suena, no lo vendo, no lo regalo. Lo destruyo”.

Escuchándolo tocar el cajón peruano, tuve la sensación de una tropilla de caballos: aire, ritmo y poder desbocados.  

El jueves 28 de julio de 2011, mientras realizaba un solo de cajón peruano en la gala homenaje al 190º aniversario de la independencia de Perú, en el Teatro San Martín de Córdoba, repentinamente se descompensó. Bam Bam Miranda falleció al día siguiente, 29 de julio de 2011, al mediodía. 

La charla de aquella entrevista fue en el patio de su casa, en esos años en Barrio San Martín, a 2 cuadras de la ex-cárcel. Varias veces, en todo el rato observaba esos cajones peruanos tirados al fondo del patio, eran más de una docena, pintados y brillosos algunos, pero arrumbados, olvidados para la historia. Un destino diametralmente opuesto al de su creador.