
Poesía
La edición de libros de poemas, nos encuentra en esta encrucijada: hay más producción que demanda. El libro de poemas no es necesariamente un objeto suntuoso; pero encuentra en su condición cultural de amuleto espiritual, un pequeño campo donde es posible ejercitar la memoria. Dimensionar lo entrañable.
Leímos la idea que las y los poetas son el humus de la poesía; y que todos los intentos por encontrar sentido y belleza al mundo, siempre fueron necesarios.
Somos parte de un esfuerzo comunitario que se verifica ante la presencia de un nombre (coloquen aquí el de su preferencia). Que eleva la tarea de escribir encontrando en cada giro, en cada palabra, la voluntad, el sentimiento. La rareza que deja en evidencia los sueños y realidades, de un tiempo que se nos escapa en todo momento.
Nos recostamos en la idea de que cada libro sea un viaje de asombro, desarrollo, contención y esfuerzo. Imaginamos que esa sedimentación está sucediendo ahora.
Suave es caer en la habitación
cuando hemos dejado atrás
esa acumulación crujiente de horas
quemadas para vivir.
Suave es la presencia de los muebles
la línea de tu nuca acompañando
la inclinación de tu cabeza sobre el libro
Suave el fondo de mar de tus ojos.
Y más suave la hora en que- ya cansado
pero terriblemente libre- enciendo
la lámpara que apagaré muy tarde.
(Juan Manuel Inchauspe, poeta santafesino / en “Trabajo nocturno”, 1966.)


