Un recorrido por César Vallejo y la poética
No recuerdo cuándo comencé a leer a César Vallejo. Sí, porqué. Buscaba alguien que señalara, sin culpa y con memoria, un camino. Con los años su libro “Poemas humanos” de 1939, ha sido siempre un espacio de entendimiento, un esplendor de forma y sentido. El resultado de un espíritu incómodo, de una conciencia no limitada por los recursos disponibles.
El camino ha sido largo desde su Santiago de Chuco natal, en las alturas del Perú.
César Vallejo inicia su viaje a Europa con destino a Francia, en junio de 1923. Las razones más evidentes de ésta partida son una persecución política, llevada a cabo por el poder judicial peruano que lo mantuvo en prisión por más de 100 días. Y, también, el efecto que irradiaba París en su vocación intelectual. Llega casi un mes después.
En ocasiones releo sus cosas y aprovecho lo que anda suelto por los canales digitales. Escucho a gente diversa hablar -como lectores- de la experiencia que es su escritura. Es así que encuentro a gente preocupada por el asombro que despliegan sus poemas.
En uno de estos videos, hablan dos personas. Uno menciona el nombre de un libro “Contra el secreto profesional” y me confirma que pertenece a Vallejo.
Una vez instalado en París, es 1923, el dato es que inicia dos libros simultáneamente: “Poemas en prosa” y “Libro de pensamiento” (editado luego como “Contra el secreto profesional”). Alguna nota del primer libro se transformará en poema en el segundo libro. Allí se vé un trabajo orgánico y una definición: las formas importan.
“Contra el secreto profesional”, no es un libro de poemas sino uno de notas periodísticas, semblanzas, pequeños ensayos. En el video, el primer locutor enumera el contenido del libro. El otro dice: “es una poética”. Dice esto como al pasar, como un sobreentendido. Esta sola palabra: poética, me pone en alerta. Porque aquí estaríamos en presencia de un entramado, una complejidad.

Con su esposa Georgette María Philippart Travers, que toma el apellido Vallejo. Fue una escritora y poeta francesa. Tras la muerte de su esposo en 1938, conservó todos sus manuscritos, salvándolos de una segura desaparición durante los años de la ocupación alemana de París. Luchó por difundir el legado vallejiano. Supervisó minuciosamente la reedición de las obras publicadas en vida por Vallejo, así como la edición de sus trabajos inéditos.
Sabemos que el trabajo de escribir supone una labor intelectual, un meandro. También que pocos creadores sienten la necesidad de esquematizar su trabajo. Aquí encuentro que el libro “Poemas humanos”, no solo provenía de un espíritu desbordado, también era el resultado de un hombre preocupado.
A uno, como lector de poemas solo le interesan los resultados. Cuando el resultado es significativo, allí nos interesan los procesos.
Debo decir también, que me interesa la belleza y que ella adquiere rostros cambiantes. Uno de esos rostros es el pensamiento inútil. Pensamiento que precisa corroboración; un lector ansioso y persuasivo de sí mismo.
En estos procesos interiores hay una complejidad que molesta, divide, atrapa. Porque las referencias, asociaciones, conclusiones apenas dejan ver una silueta. El resultado más tangible de estos esfuerzos, en el mejor de los casos, está en los poemas. La complejidad se transforma en materia sensible.
Entonces: ¿Qué es una poética?
En términos contemporáneos una poética es una panorámica. Es decir una imagen sin foco y llena de referencias que indican, de algún modo, intereses que gravitan unos con otros; que dan una mirada propia y ajena. En tiempos de selfies esta idea, este arrojo ¿es posible? ¿Es necesario?
En la gran jornada de la poesía hay creadores que han intentado esta panorámica de sus procesos. Me viene a la memoria ahora “Diario de un libro” de Alberto Girri; “Delirios y grandeza” de Hugo Caamaño; “Inundación. El lenguaje secreto del que estamos hechos” de Eugenia Almeida. La particularidad de estos libros es que son diferentes en su ángulo estricto. Hablan desde los temas más diversos: de sus lecturas, autores, organización social, dilemas políticos, climas amorosos. Una cartografía.
De esto mismo y más habla “Contra el secreto profesional”. El título responde a un artículo que no está en este libro. Allí, Vallejo, habla bien del trabajo “Ausencias” (1927) publicado por el poeta peruano Pablo Abril de Vivero. Donde pone de manifiesto el problema de cómo las vanguardias están incidiendo en la producción sudamericana con sus premisas y alcances. Cómo esas producciones están desconectadas “de lo vital”, sentencia.
Entre sus bienes inmateriales, Vallejo deja a la posteridad libros inéditos con la excepción de: “España aparta de mí este cáliz”, de 1939 y que saldrá un año después de su muerte.
Lo que sí es cierto es que a la hora de su partida -para quien no supiera- era solamente un activista político.
Su trabajo como poeta tendrá que esperar a ser descubierto por una valoración. Queda como un testimonio de las posibilidades del lenguaje. Como la tentativa de una conciencia ardida ante un mundo desbordado de irrealidad. Donde la guerra civil española fue la muestra de un horror, que mostraba su cara más patente e indicaba el penoso camino que aún recorremos.
Ceferino Lisboa

TRILCE (Lima, Perú. 1922.)
Hay que decir que en el camino de Vallejo está “Trilce”. Un libro descomunal que pone en entredicho las escuelas, los movimientos literarios. Pertenece y no a la vanguardia, porque en este libro no hay un derroche de cosmopolitismo. Aún aquí está la aldea.
Pone de manifiesto una incomodidad espiritual, una necesidad que va más allá de las apariencias y deja ver que las palabras no son suficientes, pero sí necesarias para gravitar sobre el orden establecido.
La primera edición de Trilce, fue impresa en los Talleres tipográficos de la Penitenciaría de Lima, hecha por Vallejo junto a otros presos. Primer gesto vanguardista de Trilce, desde su gestación: un libro que apuesta a la libertad, es materializado por personas privadas de su libertad.

