El presentador fue simple, directo, preciso. Enumeró datos biográficos y de publicaciones que, resumidamente, ustedes podrán leer en el cuadro que acompaña esta nota. Luego el hombre pequeño, visiblemente gastado, colocó su reloj de mano sobre la mesa, sostuvo el micrófono con un movimiento débil de la mano izquierda y comenzó con su trabajo de las palabras: “En la primera quincena de octubre, en el ámbito de una Feria del Libro desarrollada en mi ciudad natal, en Río Cuarto, me tocó ser el último, como ésta noche. Y mi instinto de supervivencia está profundamente agradecido, porque el público ya está cansado y no va a tener puntería para apedrearme”. Las carcajadas invadieron la sala, festejando la ocurrencia del poeta. El hombre, con las riendas de nuestra atención entre sus manos, continuó su cometido de poeta: “Dicen que una experiencia desgarradora, una conmoción estremecedora, puede hacer que una persona, en minutos, encanezca. Yo no llegaré a ese extremo, pero les aseguro que se ha operado un cambio en mí. Noto que mi voz se ha enronquecido. Es por el miedo. El auténtico miedo. Hay tantos poetas representativos, trascendentes esta noche, como están comprobando ustedes, que uno teme -y creo que con razón- ya haber gastado su voz. Su voz interior. Voy a decir la palabra: Perdurable”.
Pocas veces me ha pasado conocer a un poeta en persona antes de haberlo leído. La gran mayoría de las veces una lectura profunda, repetida, enamorada, chusma -quizás- me ha llevado a acercarme a cierto autor, a alguna autora para despuntar el vicio de la charla. Compartir tiempo, brindis, viajes. En definitiva, el agrado de las coincidencias por dentro y por fuera del poema.
Con Osvaldo Guevara me pasó al revés. Lo conocí en persona cuando leyó en el sótano del Centro Cultural Néstor Kirchner de Radio Nacional Córdoba (Santa Rosa y Gral. Manco), en una actividad que organizamos por los 15 años del grupo Pan Comido el 8 de noviembre de 2013. El hombre ya transitaba la tercera edad, le costaba movilizarse por el paso de los años. Era evidente. Su voz iba perdiendo fuerza a cada verso, con cada cambio de tono. Pero, aún así, nos cautivó con chistes, desparramó elogios, humedeció los ojos presentes con versos afilados en el oficio del amor y atrapó todos los silencios.
De aquella lectura, recuperamos ésta selección para comenzar a compartir su obra que merece ser andada y desandada. Como Guevara: de la tierra natal al exilio interior, de la radio a los libros, de la docencia al compromiso, de Osvaldo a Carmen. Y de una grabación olvidada a estos caracteres.
Pasos
Cómo sonarán en las baldosas del pasillo
los pasos del torturador
que regresa a la celda del suplicio.
Cómo resonarán en los huesos del cautivo.
Las Madres, las Abuelas de Plaza de Mayo
aún escuchan en sueños los gemidos
con sus pañuelos blancos
las Madres, las Abuelas del país y de América
apantallan un fuego
sin olvido.
Rapsodia en Blue
Un negro sopla un trompeta larga
como las tiras de su piel
sopla y sopla una trompeta roja
como el algodón del sur que se tiznó en su sangre
y se empapó en su noche para siempre.
Un negro sopla blanca como la hoguera de su risa
sopla y caen medallas
sopla y antiguos látigos se pudren.
sopla y una primavera, furiosamente dulce
reparte flores negras sedientas como bocas
entre hombres de color
entre hombres de dolor
entre niños de corazón descalzo
entre oscuras mujeres de vientres luminosos.
La música del negro es más clara que el llanto.
Tiene fiebre de selva, amanecer de selva.
Tiene pisadas de ciudad y maullidos de ciudad.
Y ojos y uñas y besos de ciudad.
Tiene un amor tan húmedo y feroz que
la agazapada sonrisa del blanco retorna a su cubil
acosada, acusada
por eso son eternos.
Casa de ejercicios
Carmen sabe si un pájaro grita herido en la noche
Y se estremece como una mariposa con la salpicadura de una lágrima.
En la casa de ejercicios de Villa Cura Brochero
Carmen salió al patio con flores
miró las flores, miró el azul
y miraron con ella y rezaron con ella
las plantas, las lajas calladas y sonoras,
los adobes ingenuamente encalados de la Capilla
los cuartos de retiro rumorosos de oraciones y penumbras
los insectos mareados por el zumo zumbante de la luz.
La tarde, como una paloma, vino a posarse en su hombro.
Yo que hace mucho que no me hablo con Dios
y hasta cambié de calle cuando pude encontrarlo
cuando la toco a Carmen siento que toco al Dios que de ella fluye
y que en ella se demora como las madrugadas
en los árboles de flores celestes .
Sé que hay odios, rugidos, humaredas, cenizas, maldiciones.
Para salvarme de mis uñas de antaño,
tiznadas de papas corazones sombríos
me bastan sus ojos con claroscuros de pesebre.
Sus palabras más dulces que el rozar de un arroyo en la memoria.
Su manera de sentir con el paisaje de montaña y tañidos.
Sus besos que huelen a fruta cortada por un niño,
a jazmines tiernamente colocados en los cabellos de la lluvia.
En Villa Cura Brochero un pueblito del oeste cordobés
que evoca un sacerdote de a caballo,
tropero de almas chúcaras,
Carmen me devolvió al azul con su gracia.
Me inició en las fiestas de la luz con la altura.
Olvidé todo lo que sabía, todo lo que ignoraba,
para aprender que nombrarla es rezar
que pronunciarla es descartar un viento piadoso entre los pétalos.
Y que, aun callándolo, su nombre suena
a pisada descalza por una tierra de asombros y lumbres,
a júbilo de agua que lava las pústulas del mundo.
Desterré para siempre palabras, gestos, ademanes de ira
en la tarde de Villa Cura Brochero
en que ella salió al patio con plantas de la casa de ejercicio
y bajó hasta mi pecho las manos del azul.
Y cuando todo está tan negro
y pienso que ya no encontraré la llave de la luz grito o murmuro
o simplemente callo.
Carmen y los humus del miedo se azulan
y un pañuelo de música me enjuaga la frente
y la sombra se va de mis uñas
y descubro en la calle rostro que no rechinan
y la vida cantando viene a posarse en mi hombro
y no soy más que un nombre, su nombre,
entre el fragor del mundo
la palabra absoluta que no me dice adios.
Resumen biográfico
Nació en Río Cuarto, Córdoba, Argentina, en 1931.
La pequeña ciudad se ubica en la llanura al sur de Córdoba. La gran mayoría de su población se dedica a la producción agropecuaria. Allí se cruzan caminos de mucha importancia para la logística nacional. Todo va y viene. Antes en trenes largos y ruidosos. Hoy en camiones, furgones y utilitarios. En verano el calor puede ser sofocante. El resto del año las jornadas son frías y ventosas. Allí Guevara transcurre su infancia. En un hogar de trabajadores donde padre y madre eran rigurosos para educar a sus crías. Osvaldo se desmarca de las reglas domésticas para urgar en los muebles y hojear los libros disponibles.
Después de los 20 años vivió en la ciudad de Córdoba, donde estudió Derecho. Abandonó los estudios universitarios y se dedicó al oficio de las palabras. Fue uno de los miembros del grupo y revista LAUREL – Hojas de poesía.
Luego, se instaló por unos años en un pequeño pueblo -hoy cuidad- que lleva el nombre de otro poeta: Almafuerte. Allí comenzó con su carrera docente en la escuela secundaria.
En 1960 regresó a Río Cuarto y siguió trabajando en la docencia secundaria y terciaria. Pero también desarrolló su oficio de periodista y escritor/ensayista. Dirigió el suplemento cultural del Diario La Calle. Y trabajó muchos años en LV16 Radio Río Cuarto. Por esos años fue fundador de la sede local de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) junto a Juan Filloy.
Desde 1976, buscando escapar del clima represivo cotidiano y las amenazas concretas de la Dictadura, improvisó un exilio interno que lo llevaría hasta Villa Dolores, ciudad campesina y serrana del oeste cordobés. Se instaló y vivió allí el resto de sus años. Se casó con Carmen, el amor de su vida, con quien tuvo a su hija Verónica María.
Cuando el pueblo argentino recuperó la democracia, ocupó el cargo de Secretario de Cultura en la Municipalidad de Villa Dolores. Allí se jubiló.
Siguió ejerciendo el periodismo y la difusión de literatura en Radio Champaquí FM 100.1.
En el año 2013 la Municipalidad de Villa Dolores le otorgó el reconocimiento de «Ciudadano Ilustre». Y, en el año 2023, en Río Cuarto el paseo cultural “Bosque de la Poesía” fue bautizado con su nombre.
Carmen falleció en 2020, en plena pandemia mundial, a consecuencia del Covid. Osvaldo cargó con su soledad y una pena silenciosa hasta su muerte en 2024. Quedan entre nuestros estantes sus libros. O en posteos virtuales sus textos, algunos versos. También varias entrevistas de radio y tv que vale disfrutar.
Y, sobre todo, nos queda su talento, su dedicación, su calidez y su ejemplo de difusor: humilde, comprometido, poetazo.
Resumen de obra publicada
“Oda al sapo y cuatro sonetos”; “Sangre en armas”; “Garganta en verde claro”; “Los zapatos de asfalto”; “Años y perjuicios”; “Niña carmen”; “Diario de invierno”; “Solo sonetos”; “Primera persona”; “Poemas en verso y prosa. Inventario de una obra completa e inconclusa”; “Diálogos memoriosos con Arturo Cabrera Dominguez”; “Conversando con Gaspar Pío del Corro; “El Soneto ese indeseable deseado”; “Sin pena en la palabra”; “Siempre deseando verte. Selección amatoria”;

